viernes, 17 de septiembre de 2010

Cine Slasher: el subgénero que se niega a morir (1/3)

Ayer me vi un documental estupendo llamado "Going to pieces: the rise and fall of the slasher films" que me ha resultado de lo más interesante y me ha servido para hacer memoria de todo ese amplio catálogo que siempre se encontraba en las estanterías de la sección de terror del videoclub. El slasher ha sido siempre el subgénero más poco valorado del cine de terror y más maltratado por los críticos. Ha sido el patito feo pero a la vez el más rentable de todos.


Los Orígenes

¿De dónde viene el término "slasher" y cuáles son sus orígenes? El término en sí tiene el significado de "lonchear" y es el término perfecto para describir a grosso modo qué es lo que nos vamos a encontrar en este género. Pero pese a que la década dorada de este subgénero fue durante los años ochenta su comienzo se remonta a justamente 50 años a nuestras espaldas con dos o tres títulos muy importantes siendo el primero de ellos "El fotógrafo del pánico" (1960) de Michael Powell y seguidamente ese mismo año la aparición de "Psicosis" de maestro Alfred Hitchcock. A un nivel más marginal otra obra causaría un impacto debido a la violencia de sus imágenes: "Blood Feast" (1963) de quien podría considerarse el padre del "gore" Herschell Gordon Lewis.

El cine de terror cambia a medida que cambia la mentalidad de la sociedad y, con ella, sus temores. Si bien en los inicios primarios el cine de terror se basaba bien en el folklore o en las novelas clásicas del terror convirtiendo en iconos cinematográficos a personajes como Drácula, el monstruo de Frankenstein o al hombre lobo, tras la II Guerra Mundia y con el comienzo de la guerra fría la nueva amenaza era el miedo a la ciencia y sus consecuencias y, sobre todo, al enemigo esterior. De ahí vino la proliferación de títulos de ciencia ficción y terror durante la época de los años 50 pero fue a finales de esta década donde el género encontraría su punto de inflexión.

En noviembre de 1957, en Plainfiel, un pequeño pueblo de Wisconsin se destaparía uno de los más macabros descubrimientos de la historia reciente norteamericana al encontrarse en casa de Ed Gein, un aparente apacible granjero del lugar, el cadaver de una mujer descuartizada como si de un ciervo se tratara. Cuando los agentes locales se pusieron a investigar encontraron en su un auténtico cementerio: restos humanos eran colgados como trofeos, reliquias o decoración y tal fue su eco a nivel mundial que con él se acabó esa imagen puritana que los EEUU daba de cara al mundo. Existían problemas desde dentro y muy serios.

Es entonces cuando el cine de terror encuentra que la mayor amenaza se encuentra en el propio hombre, en la propia psique humana y que cualquier persona desequilibrada puede ser un auténtico monstruo. En "El fotógrafo del pánico" se muestra una imagen casi piadosa de un desequilibrado que gusta de fotografiar a sus víctimas mientras mueren atañéndole un trauma desde su infancia de la misma manera que lo haría Norman Bates (posiblemente el primer psychokiller del cine) en "Psicosis" de una forma mucho más brutal e impactante ya que, basada en la novela homónima de Robert Bloch, se basaba en ciertos aspectos de la vida de Ed Gein, personaje que influiría mucho más en el género.

Por otro lado y fuera de EEUU, concretamente en Italia, dos directores crearon otro subgénero que también influiría muchísimo en la consagración del slasher: Mario Bava y Dario Argento. Ambos directores fueron los más importantes a la hora de establecer al "giallo" como parte importante del género de terror con películas como "Bahía de sangre", "El pájaro de las plumas de cristal", "Suspiria", "Rojo oscuro" y un largo etcétera. Estas películas se caracterizaban sobre todo en introducir el estilo de thriller donde hasta el final no se sabe la verdadera identidad del asesino y las motivaciones son siempre bastante escabrosas. Por otro lado otro de los grandes puntos fuertes es hacer hincapié en la originalidad de los asesinatos y convertirlos en verdaderas obras de arte de lo visual.

Se habla del primer slasher como tal con "El estrangulador de Boston" (1968) de Richard Fleischer que está basado en el caso real del estrangulador Albert DeSalvo quién se dedicó a asesinar a un gran número de ancianas en el Boston de principios de la década de los sesenta. Yo dudo mucho de que ésta película se acerque en demasía a las características comunes pese a que me parece un soberbio film con un un montaje estupendo pero las características de esta película no dejan de ser un producto hollywoodiense que pese a que pese a su atrevido argumento y algunos momentos sórdidos no se aleja demasiado del esquema de las películas de la meca del cine.

Y fue en los años 70 cuando tras haber plantado la semilla comenzaría a germinar y a asentarse las bases del cine slasher. "La última casa a la izquierda" (1972) de Wes Craven, inspirada en la película de Ingmar Bergman "El manantial de la doncella" comenzaba a experimentarse con la violencia exacerbada en una historia acerca de la venganza de unos padres hacia los asesinos de su hija quienes después de cometer el asesinato el destino los hace refugiarse durante una tormenta en casa de los progenitores de su víctima. Un par de pistas llevará a los padres a descubrir que sus huéspedes han hecho algo con su hija y ello desembocará en una orgía de violencia y sadismo hasta entonces jamás vista en la gran pantalla.

De 1973 sería "Noche silenciosa, noche sangrienta", de Ted Gershuny y que siguiendo la retorcida influencia del "giallo" y con un macabro guión lleno de secretos y misterios donde un asesino que mora en una vieja casa acecha a todo un pueblecito de Nueva Inglaterra. Ese mismo año de la mano de Tobe Hooper llegaría "La matanza de Texas" y también causaría un gran impacto sobre todo por ser quizá una de las primeras películas que eran capaz de mostrar en la pantalla una violencia y un horror tan explícitos donde una familia de desequilibrados caníbales (inspirados también en Ed Gein) secuestraban y descuartizaban a aquellos precavidos que osaran adentrarse en sus territorios. Y aquí, gracias a la figura de Leatherface, parecía asentarse la imagen del asesino enmascarado poseyendo en sus manos un arma mortífera con la que sembrar el pánico.

Y muy posiblemente una de las primeras películas que podría considerarse como slasher sería la magnífica "Navidades Negras" (Black Christmas, 1974) de Bob Clark donde un asesino comienza a acosar a las jóvenes de una hermandad durante una nochebuena. La película que si bien no posee todas las características que posteriormente se convirtiertos casi en mandamientos a seguir sí comenzaba a plantear algunas reglas: víctimas jóvenes y sexualmente activas. Por lo demás casi podría decirse que sus influencias provenían del giallo italiano. También influenciada por éste nos encontramos con "El rostro de la muerte" (Alice, Sweet Alice) de 1976 y dirigida por Alfred Sole donde se nos narra que tras el asesinato de una niña el día en que hace su primera comunión comenzarán una serie de asesinatos que harán sospechar de Alice, la hermana mayor de la joven asesinada.

La visión más elegante y posiblemente la que terminaría de asentar el género es, a mi juicio, la obra maestra de John Carpenter "La noche de Halloween" ya que en ella encontraríamos todos los tópicos que más adelante se irían repitiendo durante los años sucesivos como las víctimas adolescentes, el sexo y el asesino enmascarado por excelencia. La historia de "La noche de Halloween" transcurre en Haddonfield, un pueblecito de Illiniois, y comienza con el asesinato de una muchacha a manos de Michael Myers, su hermano de seis años la víspera de todos los santos. Encerrado durante 15 años en una institución psiquiátrica y supervisado por el Dr. Samuel Loomis (Donald Pleasance) el único que sabe que ese joven taciturno que no ha abierto la boca en quince años de reclusión y parece totalmente inofensivo esconde una maldad latente a la espera de ser despertada. Un día antes de la noche de Halloween, Michael Myers escapa del centro psiquiátrico y se dirige de nuevo a su pueblo natal donde comenzará de nuevo una oleada de crímenes y fijará su atención en Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) una puritana niñera.

Jamie Lee Curtis, quién es hija de Janet Leigh (protagonista de "Psicosis"y estableciendo una conexión entre los orígenes y el asentamiento del género) se convertiría desde ese momento en la reina del slasher con el sobrenombre de "Scream Queen" (la reina del grito) y de esta forma también se convertiría en el arquetipo de la joven superviviente capaz de plantarle cara al asesino inmortal (lo que dará lugar posteriormente a la sucesión de secuelas). Volvería a participar en la segunda parte de Halloween además de otras muy importantes títulos del género como "El tren del terror" o "Noche de graduación", ambas de 1980.

Mientras Jamie Lee Curtis se convertía en el prototipo de heroíana, Michael Myers se convertiría en el prototipo de asesino en serie: tipo enmascarado con un arma mortífera y sin ningún recelo en matar todo aquello que se cruce en su camino. El punto de vista con el cual John Carpenter filmó la película que se trataba de un modo subjetivo donde la cámara recogía todo aquello que veía el asesino también sería una regla recurrente a posteriori. Los desnudos, el sexo, la promiscuidad y los coqueteos con la bebida y las drogas serían un pecado mortal para ser ejecutados por las manos de la multitud de asesinos enmascarados que asaltarían las pantallas en años venideros.

La popularidad de la película hizo sombra a títulos nada desdeñables como "The Toolbox Murders" (1978) o "Trampa para turistas". En la primera, una película con muchos desnudos y sangre, nos cuénta cómo un tipo ataviado con un pasamontañas se dedica a vengar la muerte se su hija asesinando a la gente de las formas más variopintas utilizando todos aquellos utensilios que resulten mortíferos de una caja de herramientas. De un argumento parecido llegaría un año más tarde la primera película de Abel Ferrara: "El asesino del taladro", una cinta underground donde un pintor que se vuelve loco se dedica a matar a todos con un taladro.

Con respecto a "Trampa para turistas" sólo podría decir que se trata de una película más que interesante donde el slasher se funde con tintes sobrenaturales. La historia cuenta cómo cuatro jovenes que se quedan parados con el coche en un lugar alejado de la mano de Dios llegan a la casa de un tipo campechano que decide ayudarlos y los acoge esa noche en su casa. Mientras esa noche van desapareciendo uno a uno, los supervivientes encuentran que la casa de su anfitrión se encuentra llena de algo que parecen maniquíes. La película tiene un ambiente fantástico y para colmo el asesino tiene poderes telequinéticos al más puro estilo "Carrie".

De 1979 sería uno de los también títulos clave del slasher: "Cuando llama un extraño" de Fred Walton. Con un comienzo inolvidable que luego sería homenajeado en "Scream" se da comienzo a la historia de una niñera (comienza a ser recurrente) que es acosada por alguien vía telefónica. Quienquiera que sea sábe qué esta haciendo y la tiene acorralada en el interior de la propia casa. No se trata de una película violenta pero su mayor mérito es cómo trata de una manera estupenda la tensión y el suspense.

El éxito de "La noche de Halloween" que se convirtió en la película independiente más taquillera de la historia del cine hasta hace pocos años demostró que la fórmula funcionaba y resultaba más que rentable. A raíz de éste hecho proliferaron los títulos y se asentó el subgénero coincidiendo justamente con la llegada de la nueva década, los 80 la que podría considerarse como la década dorada del slasher.


Especial dedicado a Jose Antonio

lunes, 13 de septiembre de 2010

Kevin McCarthy y "La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956)"

Hay actores que tienen la suerte de no caer en el olvido gracias a su participación en alguna película que los convierte inmediatamente en pequeñas estrellas de perdurable vida. Gente a cuyo nombre está irremediablemente grabado el hecho de haber protagonizado tal o cual cinta siendo, éste, su nombre, en ocasiones olvidado a favor de su papel. Uno de ellos fue Kevin McCarthy, ese siempre agradable y simpático actor que protagonizó la película que hoy voy a comentar y que el pasado sábado nos dejó para siempre a los 96 años de edad.

Quizá seamos pocos aquellos que conocemos de la carrera de Kevin McCarthy y de sus aspectos más desconocidos. Fue un galán en la época de los 40 y consiguió una nominación al Oscar por su papel de Bill Loman en la versión de 1951 de "Muerte de un viajante" junto a Fredric March. En esa misma década protagonizaría "La invasión de los ladrones de cuerpos" película de Don Siegel que lo convertiría para siempre en uno de los rostros asociado a la ciencia ficción y en el arquetipo de héroe de serie B. A partir de ahí su participación casi en exclusividad al ámbito televisivo participando en series como "The Twilight Zone", "La hora de Alfred Hitchcock", "Misión imposible" y casi podría decirse que tuvo su pequeña aparición en todas las series importantes del panorama televisivo de los últimos 50 años. De sus apariciones memorables más recientes fue en un capítulo de Tales from the crypt junto con Margot Kidder allá por 1992. Fue en sus últimos años cuando se convirtió en un habitual del género de terror casi siempre retomando la esencia del papel que le dio la fama, el de doctor que descubre una verdad e intenta prevenir al resto pese a las consecuencias que puedan acarrearle.

Pudimos verle en un pequeño e inolvidable cameo en el remake de la pelicula que hizo tan famoso y que dirigió Philip Kauffman allá por 1978 "La invasión de los ultracuerpos" y donde Donald Sutherlan recogería su testigo. También el director Joe Dante supo apreciar su aporte y le brindó dos pequeños papeles en "Piraña" y "Aullidos". Y también con Joe Dante tras la cámara cómo olvidar su participación en uno de los segmentos de "The Twilight Zone: the movie" como el tío Walt, un personaje con un sobrino que posee una habilidad muy especial.

Con la muerte de Kevin McCarthy se va un pequeño trozo de historia cinemetográfica y televisiva de una época muy concreta ya que su imagen, su papel de Miles J. Benell en "La invasión de los ladrones de cuerpos" refleja perfectamente los midos de la sociedad norteamericana hacia lo desconocido, la amenaza exterior y las consecuencias del desastre nuclear o, en definitiva, lo que es lo mismo, el miedo ante el enemigo comunista.

Fue en estos miedos en los que se centró casi la totalidad de la ciencia-ficción de aquella época y las invasiones alienígenas, las mutaciones con insectos gigantes o los ladrones de personalidad no eran salvo el reflejo de la incomprensión hacia una forma de pensar distinta a la seminal forma de pensar del sistema capitalista del cual EEUU era el claro referente universal.

Y Don Siegel lo sabía a la perfección. Por eso creo que "La invasión de los ladrones de cuerpos" es una obra valiosísima. El miedo a la pérdida de la identidad y el descubrimiento de que poco a poco tus seres queridos y vecinos comienzan a comportarse de forma extraña transforma la tranquila existencia de un apacible lugar en una historia de terror asfixiante muy en consonancia con el revuelo en esos mismos años de las acusaciones del senador McCarthy (no confundir con el actor quien, de hecho, tenía parentesco) hacia todos aquellos en eran sospechosos de pertenecer o tener simpatía hacia el partido comunista. Años convulsos de acusaciones, miedo a ser delatado, miedo a ser contagiado por el enemigo.... todo ello presente de una forma sensacional y terrorífica.

Una película indispensable y que va más allá de la ciencia ficción y hace un retrato de la psicosis colectiva de una sociedad marcada por la guerra fría y el miedo al comunismo. Y, como he dicho, protagonizada por el simpático y eficiente Kevin McCarthy por quien he decidido escribir este post. Descanse en paz.

martes, 31 de agosto de 2010

El dragón rojo (Brett Ratner, 2002)

Tercera de y última hasta la fecha de las películas sobre Hannibal Lecter siendo éste interpretado por el gran Anthony Hopkins y "pseudoremake" de la película de Michael Mann "Manhunter", cinta que realmente pasó sin pena ni gloria.

Que el personaje de Hannibal Lecter ha pasado a la historia del cine como uno de los grandes villanos del celuloide no hay duda alguna pero con esta tercera entrega ya empezó a perder fuelle en parte debido a un director mediocre que no se encuentra a la altura del material que sostenía entre sus manos. Posiblemente si otro director más competente la hubiera llevado a cabo no hubiera resultado un thriller tan demasiado convencional y podría haber aportado, algo que no hace, algún que otro punto interesante al universo de Hannibal Lecter.

La historia es considerada como la primera de las aventuras de Lecter si obviamos la innecesaria "Hannibal Rising". En ella se nos muestra en su prólogo cómo Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) es capturado por el agente del FBI Will Graham (Edward Norton) en un enfrentamiento donde ambos casi pierden la vida. Lecter, como digo, es capturado y Norton decide tras tal traumática experiencia desvincularse del FBI y retirarse a una vida familiar. Pero pasado un tiempo, Jack Crawford (Harvey Keitel), quien fuera jefe de Graham, vuelve a intentar contar con el talento de éste para resolver unos horribles crímenes que se van sucediendo y donde las víctimas son familias enteras asesinadas en mitad de la noche de una manera horrible. Todo apunta a que el asesino sólo ha hecho a empezar. Graham decide volver temporalmente al FBI y para intentar meterse en la mente del asesino habrá de colaborar con el hombre que casi acabó con su vida: Lecter. Lecter le guiará en su investigación y comenzará a seguir los pasos de un tal Francis Dollarhyde (Ralph Fiennes) a quien intentará echar el guante.

Como digo, el material es sumamente bueno pero Ratner no era el hombre indicado para llevarla a cabo. Si algo realmente salva a la película es el excelente reparto donde además de Hopkins, Norton, Keitel y Fiennes, intervienen Emily Watson, Philip Seymour Hoffman y Mary-Louise Parker. Además Anthony Heald y Frankie Faison vuelven a repetir sus roles del Dr. Frederick Chilton y el carcelero Barney tal y como hicieron una década antes en "El silencio de los corderos" (o en el caso de Faison, también en "Hannibal").

El guión es excelente aunque en cierta forma vuelve a recordar a la trama principal de "El silencio de los corderos" ya que en líneas generales se trata de un agente del FBI que ha de contar con la ayuda del célebre asesino Hannibal Lecter para atrapar a otro asesino en serie. Pero Brett Rattner logra desechar el apunte psicológico del asesino a favor de los golpes de efecto y las escenas de violencia lo que no cuaja demasiado en el universo de este microcosmos creado por Thomas Harris.

En definitiva, como thriller es bastante entretenido pero no se encuentra a la altura de las dos joyas de la corona que son "El silencio de los corderos" y "Hannibal" pero aún así es superior a la, repito, innecesaria (que no mala) "Hannibal, el origen del mal". Tengo cierto interés en ver la versión de Mann, un director de lejos más interesante que el cutre de Rattner y el hecho de contemplar a un Hannibal Lecter no interpretado por Hopkins sino por otro grande como es Brian Cox.

Posiblemente en próximos días tengáis críticas de la de Mann...

lunes, 30 de agosto de 2010

Sonata de otoño (Ingmar Bergman, 1978)

Tuvieron que pasar décadas hasta que dos de los mayores mitos del cine sueco se reunieran por primera vez. Fue en 1978 cuando Ingrid Bergman e Ingmar Bergman trabajaran juntos en este drama con tintes de naturalismo strindbergiano.

Un cambio casi total entre las obras iniciales del cineasta que en su madurez como tal cambia el existencialismo por el sentimentalismo en esta desgarradora historia sobre la relación entre una madre y una hija.

Eve (Liv Ullman) está casada con Viktor, un vicario, y ambos viven de forma cómoda en una vicaría. Tras ser informada de que Leonard, el compañero sentimental de su madre ha fallecido, Eva decide invitarla a pasar unos días en casa. Será entonces cuando Charlotte (Ingrid Bergman), una afamada concertista de piano, viaje hasta la casa de su hija tras siete años sin verse. La bienvenida será cálida y feliz pero el hecho no haber sido informada de que Helena, la hija menor e impedida de Charlotte, se encuentre en casa de su hermana será el primer paso para comenzar madre e hija una serie de discusiones donde aflorarán el rencor, el odio y la culpa haciendo balance de la historia familiar.

Un estupendo melodrama donde Bergman narra casi de forma teatralista esta historia familiar cuyo mayor aliciente son las soberbias interpretaciones de Ingrid Bergman y Liv Ullman. Se llega al universo familiar y a unas complicadas relaciones entre madre e hija. Un drama que analiza las emociones y sentimientos de una forma simplista y hermosa que se adentra en lo más profundo de dos mujeres mostrando un turbulento interior en contraposición con el lugar en que sitúa la acción, una tranquila y acogedora casa a las afueras. El espectador se convierte en voyeur en la privacidad de los personajes y ha de sentirse incómodo por ello.

En esta película se muestra la desnudez de dos mujeres que dejan ver sus más profundos sentimientos y su difícil relación entre ellas, sus envidias, sus celos, sur reproches y sus miserias donde lo único que tienen en común es el amor hacia la música clásica.

Mientras Charlotte, la madre, es alguien que ha sabido vivir completamente la fama pero emocionalmente ha sido alguien sin rumbo mostrando siempre máscaras que ocultan su fragilidad, terrores e incapacidad de amar, su hija es una mujer acomplejada y difícil que intenta conocerse a sí misma tras la trágica muerte de su único hijo.

Una película que desemboca en una catarsis tanto para los personajes principales como para el espectador. Y sobre todo porque es intensa, trágica y, lo más importante, muy honesta.

Hairspray (Adam Shankman, 2007)

He de decir que por suerte he podido ver muchos musicales en Londres lo cual es una experiencia inolvidable todos y cada uno de ellos. También tuve la oportunidad de casi inaugurar en el Shaftesbury Theatre la producción londiense de "Hairspray" de la que tengo un recuerdo imborrable tanto de la obra como del fantástico reparto encabezado por Michael Ball y a quienes pude conocer personalmente demostrando ser gente sencilla, simpatiquísima y entrañable.

Siempre he tenido cierta debilidad por John Waters, ese hombrecillo casi caricaturesco poseedor de una genial y particular forma de satirizar el estilo de vida estadounidense. "Pink Flamyngos", "Cosas de hembras", "Polyester", "Cry Baby" o "Los asesinatos de mamá" son películas que pese a no pasar a la historia del cine de una forma mayúscula dudo que queden olvidadas ya que esta denominada categoría "trash" o "underground" tiene una gran cantidad de seguidores entre los que me encuentro. Y, por supuesto, no se puede olvidar a un actor tan entrañable y maravilloso como fue Divine.

La historia de Hairspray se gestó en un momento y lugar concretos, el Baltimore de comienzos de los 60 y donde creció el director y, además, tiene como telón de fondo el show de Buddy Deane, un programa televisivo local donde los adolescentes de la ciudad bailaban al ritmo de las nuevas tendencias musicales y que resultó todo un fenómeno social en el lugar. Cuando la New Line Cinema sugirió a Waters dirigir una película apta para todos los públicos no sabía qué acometer y tras leer en un periódico que después de 25 años los que fueron jóvenes bailarines del show de Buddy Deane iban a reunirse de nuevo decidió centrar su historia en aquello.

Sería entonces cuando el show de Buddy Deane se transformaría en el show de Corny Collins y Waters comenzaría a gestar una historia acerca de los problemas sociales de la época como el racismo y la inadaptación social. En la historia, Tracy Turnblad, una joven adolescente regordeta, sin complejos y con un total optimismo para alcanzar el estrellato decide participar en el show de Corny Collins. A partir de ahí comenzará la gran aventura. No simplemente se encontrará con la oposición de su madre, Edna, una oronda ama de casa sino que encontrará enemigos en la productora del programa, Velma Van Tussle y su hija, Amber, estrella femenina del show. Si acaso es dificil que una chica de sus características físicas encajara en el show ya el hecho de que Tracy fuera partidaria de la integración racial le imposibilita aún más su participación. Los negros sólamente podían participar una vez al mes en el programa y no podían bailar con los blancos. Tracy decide enfrentarse a ésto y le acarreará multitud de problemas. Además se enamorará de Link Larkin, la estrella masculina del programa y novio de Amber.
Si bien en el reparto original de la peli de 1988 tenemos un reparto con Divine a la cabeza y con Sonny Bono, Deborah Harry, Ruth Brown, Jerry Stiller y Ricki Lake, el reparto de la versión musical es cuanto menos sorprendente: John Travolta, Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Queen Latifah, James Marsden y Zac Efron entre otros.


Cabe recordar que no se trata de un remake propiamente dicho ya que "Hairspray" no era un musical en el sentido original cinematográfico, sólamente una película basada en un programa de baile. Fue en el año 2002 cuando se estrenó en Broadway la versión musical de la película que se trata de un puro espectáculo gracias a la música de Marc Shaiman y la letra de Scott Witman. El musical ganó 8 premios Tony en las categorías mayores y se convirtió instantáneamente en un clásico. Evidentemente Hollywood no tardaría en aprovechar el tirón y llevar a cabo, de nuevo con New Line Cinema, de adaptar el musical a la gran pantalla.

Y lo hizo de la mejor manera posible ya que por primera vez en mucho tiempo nos encontramos con un musical a la antigua usanza y que a día de hoy y treinta años despues, puede considerarse como el "Grease" de esta nueva generación. Existen distintos cambios con respecto al original teatral pero en su mayoría son cambios menores que fueron realizados ya que teatro y cine son dos medios muy distintos y lo que funciona en teatro puede no funcionar en la gran pantalla y viceversa.

"Hairspray" de Adam Shankman (el gran acierto de escoger a un director que a su vez fue coreógrafo y bailarín) es un espectáculo mayúsculo lleno de magnísimas canciones y divertidisimas interpretaciones de un elenco solidísimo en estado de gracia. Incluso a todos aquellos que sientan aversión por el género musical (que son muchos) no podrán discutir el que sea un gran entretenimiento. Sin perder el espíritu de John Waters (quien se guarda un cameo en el film) sigue siendo satírica, divertida y entrañable. Han pasado tres años desde su estreno y la he revisionado recientemente y casi puedo decir que me ha gustado aún más que cuando la vi en la pantalla grande. Se trata de otro pequeño clásico por el cual no pasará el tiempo.

Y es que hubiera sido muy fácil el que Hairspray resultara un fiasco pero no fue así. Tanto crítica como público estuvieron de acuerdo y tras finalizar la proyección todos salían de las salas con unas irrefrenables ganas de bailar y cantar. Leí por ahí una anécdota sobre alguien que fue al cine con sus hijas y tenía un mal día, de esos en que andas con un humor de perros, y salió con un humor totalmente distinto del cine. Ya que esta película logra cambiarte el estado anímico y plantarte una sonrisa en la cara.

Cine sin complejos, fresco, divertido, entrañable y con varios alicientes: el retorno de un travestido e inolvidable John Travolta al género que lo hizo famoso, una Michelle Pfeiffer tan hermosa como malvada, un James Marsden de ovación, un Christopher Walken en su salsa, un estupendo Zac Efron intentando alejarse de la imagen Disney y una Queen Latifah que derrocha una voz increíble. Todo esto aderezado, claro está de otros muchos actores magníficos como la recién llegada Nikki Blonsky que da vida a Tracy y unas coreografías de cagarse. Y sobre todo la propia ciudad de Baltimore que se convierte en otro personaje más, y quizá el más importante.

Hay que verla, disfrutarla y a ver quién no es capaz de parar sus pies durante el visionado.

The twilight saga: Eclipse (David Slade, 2010)

Yo soy el primero que en multitud de ocasiones tiene prejucios sobre según que película o director. Por ejemplo acabé tan saturado del ego de James Cameron y todo lo que previamente hubo antes del estreno de "Avatar" que determiné que intentaría no verla nunca. A día de hoy y a más de seis meses de su estreno habiéndose convertido, creo, en la película más taquillera de la historia del cine... Cameron no ha conseguido que yo gaste tiempo en visionarla.

Por eso entiendo que haya gente que eche las cruces (juas) a esta saga vampírica destinada al público más adolescente y que pese a resultar aparentemente inofensiva ha hecho bastante daño al subgénero vampírico en particular al alterar de forma estúpida y ñoña la esencia del vampiro clásico convirtiéndolo en un ser blandengue e inocuo. Y ni mencionar quisiera a lo que han hecho con la licantropía... si Paul Naschy levantara la cabeza...

Pero pese a ello no hay que dejar de recordar que está destinado a las féminas adolescentes y hay que mirarlas desde una óptica distinta. Es una película para exaltar las hormonas femeninas y para ello no se trata sino de una saga de películas calientachochos cuyo único interés no es crear una obra maestra que perdure en la historia del cine sino llenar las arcas de los productores y dar carpetazo hasta encontrar una nueva moda con la que sacar dinero en la taquilla y el merchandising.

Como digo no hay que tomarlas en serio y, si lo tomas como un mero divertimento, como una coña o parodia, hasta puedes echarte unas buenas risas. Simpleza en el guión, unos personajes de cartón piedra cuyas únicas motivaciones es el amor más edulcorado y situaciones de peligro dignas de cualquier serial televisivo casposo de los años 50. Todo ello aderezado con los efectos especiales más baratos posibles y un puñado de actores guaperas y de talento interpretativo más que discutible que sólamente sirven para formar parte de la decoración de paredes de habitaciones y carpetas escolares.

Y ya con ésta nos encontramos con la tercera parte de la saga. Y agüita, vaya. Si las dos primeras eran dos truños estimables y, cuanto menos, simpaticotes, ésta en su trailer prometía toda la acción que le faltaba a sus antecesoras con una nueva e interesante premisa. Y yo he picado. Tras un esperanzador comienzo (dentro de lo máximo que las calidades tanto fílmicas como de guión pueden alcanzar) donde nace un nuevo vampiro, Riley (he de reconocer que me encanta el nombre) con pinta de cabrón se nos vuelve a lo mismo de siempre: el triángulo amoroso entre el zorrón de Bella, el sosainas de Edward y el despechado (en ambos sentidos) y lampiño Jacob. Ñoñerías, más ñoñerías y en medio de todo ésto un ejército de nuevos vampiros liderados por una vampira que ni me acordaba que salía en las entregas anteriores que pretende matar a Bella para vengarse de la familia Cullen lo que hará necesario un pacto entre los vampiros y hombres lobo, enemigos acérrimos, para salvar el cuello a la prota.

Y no hay nada más. Lo mismo de siempre pero en este caso un poquito mejor ya que se nota que el director ha cambiado y es alguien más o menos solvente como David Slade (Hard Candy). Las interpretaciones rozan lo bochornoso salvo por las aportaciones de Bryce Dallas-Howard, Xavier Samuel y, sí, Taylor Lautner, el único que parece que tiene más madera actoral y no se toma el circo demasiado en serio.

En definitiva, lo que se esperaba pero tampoco hay que demonizar tanto la saga. Queda la opción de hacer como yo con Avatar... no pasar por el aro y, en el caso de hacerlo, no tomárselo demasiado en serio. Y vale... creo que debería a estas alturas posicionarme: que Jacob se lleve a la chica, que coño.

El rostro (Ingmar Bergman, 1958)

Quizá "El rostro" podría considerarse por muchos como una de las películas más incomprendidas del cineasta sueco Ingmar Bergman. Para mí me resulta una de las más fascinantes ya que, como punto de partida, la historia está rodada con tintes expresionistas y que, recuerdan, muy mucho, a los inicios del cine en Alemania envolviendo todo en ese aura siniestra propia del cine de terror, género al cual no podría catalogarse a esta película aunque más quisieran muchas cintas de terror conseguir la ambientación que ésta lleva a cabo.

La historia nos situaría en la Suecia de mediados del siglo XIX donde un coche de caballos en cuyo interior se encuentra un grupo de artistas ambulantes liderados por el hipnotizador y mago Emanuel Vogler (Max von Sydow) llega a una ciudad. Junto a Vogler se encuentran una anciana bruja, la mujer de Vogler que se hace pasar por ayudante masculino y un digamos mánager que ejerce como representante del mago. Al llegar a la ciudad en la que pretenden dar una actuación son requeridos ante la presencia de las autoridades del lugar con el fin de probar la veracidad de los trucos y encantamientos del grupo no sin intentar en todo momento cuestionar, burlarse y humillar a toda la troupe. Este conjunto de personas se encuentra encabezado por Vergerus, un cínico doctor quien pide a Vogler una representación antes de hacerla ante el populacho. Serán conducidos hasta la mansión de uno de los terratenientes del lugar y la noche no podría resultar más inquietante donde se respira un aire fantasmal, místico y casi mágico. Al día siguiente el grupo de ¿charlatanes? dará lugar a una representación con un final inesperado para todos.

Como he dicho puede resultar una de las películas más incomprendidas del sueco pero en realidad se trata de una de sus cintas más intelectuales que intenta retratar las posturas de distintas personas hacia distintos temas como el amor, el odio, la ciencia o lo aparentemente sobrenatural. Los distintos "rostros" o "máscaras" (algo muy propio del expresionismo) tras la cual se encuentran las verdaderas personalidades y los distintos espejos ante los cuales podemos vernos reflejados y que según su forma pueden darnos una imagen más o menos irreal. La máscara por ejemplo de un científico en una pose de total incredulidad y que tras ella existe un miedo irrefrenable a lo desconocido.

Quizá el punto más interesante es la manera en que la llamémosle magia puede llegar a tambalear los cimientos de la razón. Ese enfrentamiento entre lo racional y su término opuesto es uno de los engranajes principales que mueve el motor de la acción de esta película donde un grupo de supuestos charlatanes que nos son desenmascarados ante poderosos adversarios y se encuentran en una posición de debilidad y desnudez son capaces gracias a la habilidad o la picaresca de turbar al más intelectual.

También existe un interesante contrapunto sobre aquellos que tienen en la necesidad de creer en todos estos tipos de sortilegios ya que éstos pueden poner suponer una panacea al alma, mientras que por otro lado aquellos que son conscientes de que todo lo que hacen no es sino un conjunto de actos de prestidigitación y que, al fin y al cabo, no hay nada sobrenatural en lo que hacen lo que puede conllevar a un ateísmo espiritual, a un vacío irrefrenable.

Me ha parecido una película inteligentísima y que esconde mucho más de lo que aparenta contener. En muchas ocasiones pretendemos coger una película y querer analizarla profundamente, fotograma a fotograma, hasta encontrar todas las preguntas que nos planteamos. Creo que existen casos como éste donde lo mejor es quedarse con las impresiones, la intriga y la ambiguedad ya que el cine, como el arte, muchas veces lo importante no es importante el porqué sino el qué transmite a aquel que lo visiona.